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sábado, 19 de abril de 2014

SÁBADO SANTO

Todos los días como el de hoy, se me inunda la memoria de nostalgia. Sobrevuela por mis sentidos el pañuelo blanco que cerraba el fajín que abrazaba mi túnica de nazareno; humedecen todavía mi corazón, después de tantos años, las lágrimas de Damián, sentado en los escalones del altar mayor de la antigua capilla, mientras el cielo derramaba a chorro las suyas. 
En mis oídos, todavía aletean las notas de las dulces saetas de "Palomo", con todos mis respetos porque no recuerdo su nombre, esas que le cantaba a su Virgen a las dos o las tres de la madrugada con sólo dos velas encendidas.
Mis hijos a los hombros, como una particular forma de costalería, en la que creo que todos los padres hemos tenido la suerte de participar.
La mirada perdida de mi padre, que la estaría mirando con el alma, ya que con los ojos le era imposible, en su última Semana Santa con nosotros.
Cruce de miradas con Ella con los ojos velados de lágrimas, pidiendo protección y agradeciendo todo lo bueno recibido.
En fin......, huellas que quedan prendidas en un rincón del alma y que jamás, bien digo, jamás; pase lo que pase, gire el mundo para donde gire, nunca dormirán en el olvido.

Por palio tenías un palio azul,
añoranzas de alegorías de muerte,
el triunfo, ante un esqueleto inerte
y sobre el mundo de la Santa Cruz,
en homenaje a ti titular
el Dulce Nombre de Jesús.

Con el crepúsculo de una tarde de pena
y con ojos llorosos sales a Sanlúcar,
bien sea con saya negra o púrpura
los sanluqueños igual te esperan;
para ver tu cara dulce de azúcar
fina, bella y radiante azucena.

¿Por qué miras al lado madre?
¿Es que no quieres mirar al cielo,
para no contemplar en tu palio,
iluminado por el sol de la tarde
la muerte de tu hijo, Dios Cordero?

Tú estás sola Soledad.
aunque estemos contigo esta tarde;
mas tan sólo con mirarte
y ver tu cara llorar,
da pena no ser estandarte
para poder aliviar
esa pena tuya grande.

La plaza es un revuelo
para ver tu caminar;
la música empieza a sonar
rezuman arte tus costaleros 
y pone su vos el capataz....
mis ojos ya están llorando
y mis labios dicen al rezar:

Campanillas del cristal
que adornáis las bambalinas,
decidle al aire que la quiero,
y a la hora de mi muerte
cuando suspire mi último anhelo
Soledad coge mi alma en tus manos,
y llévala con tu Hijo al cielo.